En la primera (y última, hasta el momento) clase de “desviación y control social”, tras presentar y ver los defectos o limitaciones de distintas definiciones de “desviación social”, nos quedamos con una definición que supone la condena o el rechazo social hacia la conducta o la persona identificada como “desviada”.
¿Pero qué tipo de rechazo o condena recibe? Seguramente podemos pensar en muchos tipos distintos de rechazo social. Por ejemplo, ante algunas desviaciones sociales se puede sentir ira, o se puede sentir asco, o se puede sentir miedo.
Entonces, ensayamos un ejercicio de “lluvia de ideas” sobre casos de desviación social que despiertan MIEDO, a través del género cinematográfico de películas de miedo o terror. El objetivo del ejercicio era ir ensayando esa doble perspectiva positivista-constructivista de la que hablamos; porque podríamos, por una parte, sacar un listado de tipos desviados, y por otra parte, reflexionar sobre a qué audiencias van dirigidas (o a qué tipo de persona y a qué generación le ocasiona más miedo un tipo u otro de desviación).
El ejercicio nos permitió identificar películas de miedo que NO podemos asociar fácilmente con la desviación social. En efecto, podemos sentir miedo hacia otras muchas conductas o hechos que no son, propiamente, desviación social (al igual que ira o asco). Por este motivo dejamos fuera de nuestro análisis las clásicas películas de miedo vinculadas a animales inmensos, furiosos, asquerosos, etc. (Jaws, Pirañas, Frogs, o King-Kong , por ejemplo). Otro clásico son las películas de miedo asociadas a los fantasmas o al mundo de los muertos. No seré yo quien defienda que un fantasma no es un desviado social. Personalmente creo que, de existir, los fantasmas merecerían dicho calificativo. No obstante, hay que reconocer que el caso se presta más para el análisis constructivista (¿por qué rechazamos a los muertos?) que para el análisis positivista orientado a las causas de la desviación y posible prevención de la misma. Así que apartamos también este tipo de película de nuestro inventario.
Lo que, en cambio, surgió con facilidad fueron películas de miedo que remiten al ASESINO, al sujeto que mata porque quiere matar. Pero inmediatamente se evidenció que había tipos muy distintos de asesinos, y tipos muy distintos de miedo al asesino. Un tipo muy familiar para todos, tal vez el más popular hoy en día, es el que podríamos denominar “psicópata asesino”. No solo matan. Suelen ser especialmente crueles, simplemente porque disfrutan haciendo daño (Hannibal Lecter, el protagonista de Halloween, Freddy Krueger , entre otros). Pero entonces alguien mencionó “La naranja mecánica”, y yo mencioné “Funny Games”, o incluso “Perros de paja” (versión 1971). En estas películas, los asesinos no son, principalmente, psicópatas. Seguramente merecerían este diagnóstico, pero lo que destaca de estos tipos es que son, más bien, vándalos alocados. Son crueles, pero no disfrutan especialmente con la crueldad; solo se divierten. En todo caso, lo que diferencia en mayor medida a estas películas de asesinos es sus víctimas. El psicópata asesino prefiere matar a estudiantes universitarios, mientras que el vándalo asesino prefiere matar a otro prototipo de la clase media-alta, más acomodado, más familiar. Desde luego, representan las pesadillas de tipos sociales bastante distintos.
Hay muchas otras modalidades de películas de miedo centradas en tipos distintos de asesinos. Desde la sociología de la desviación se han desarrollado teorías y conceptos que nos pueden servir especialmente para analizar la construcción social de estos personajes (esto es, aplicando la perspectiva constructivista). Y también para analizar, desde una perspectiva positivista, quiénes son y cómo actúan estos sujetos en la vida real; pero, en este caso, sin abundar en las particularidades de cada tipo. Es más, se podría decir que esos tipos distintos de asesinos representados en el cine solo responden a un esfuerzo creativo de atraer audiencias distintas, y que lo que sabemos de los casos reales nos orientan hacia una conclusión contraria a la diferenciación de tipos. En primer lugar, la sociología de la desviación insiste en que el asesino “se hace, no nace”, y a continuación nos descubre los mecanismos que intervienen en esa “carrera” de asesino, lo que incluye procesos y dinámicas sociales que operan también en todos los ámbitos de la vida social y que forman parte de la más absoluta normalidad. Actualmente, en el campo de la criminología, se está trabajando mucho con la estrategia de identificar “perfiles” criminales que, tal vez, responderían en alguna medida a esos tipos cinematográficos de los que hablamos. Pero desde la sociología de la desviación, todavía se desconfía bastante de la veracidad de los “perfiles”.
En todo caso, nuestro debate en clase no fue más que un ejercicio informal e improvisado de “imaginación sociológica”. De hecho, el género de películas de terror no nos permite explorar la inmensa variedad de hechos y conductas que merecen ser analizados cual “desviación social”. Tendremos que recurrir a un inventario más amplio.


